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  • Empecé a dividir la vida en absolutos... Las cosas y las personas eran o perfectamente malas o perfectamente buenas, y cuando la vida no obedecía esta regla en blanco y negro, cuando las cosas o las personas eran complejas o contradictorias, yo fingía lo contrario. Convertía cada derrota en un desastre, cada éxito en un triunfo épico, y separaba a todas las personas en héroes o villanos. Incapaz de soportar la ambigüedad, construí una barricada de ilusiones contra ella.