Autores:
  • Porque ahora Elinor también lo había comprendido: El anhelo por los libros no era nada comparado con lo que se podía sentir por los seres humanos. Los libros te hablaban de ese sentimiento. Los libros hablaban de amor, y era maravilloso escucharlos, pero no sustituían al amor mismo. No podían besarla como Meggie, no podían abrazarla como Resa, no podían reír como Mortimer. Pobres libros, pobre Elinor.

    Cornelia Funke (2011). “Inkdeath”, p.114, Scholastic Inc.