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Se me ocurre que la peculiaridad de la mayoría de las cosas que consideramos frágiles es lo resistentes que son en realidad. Cuando éramos niños, hacíamos trucos con los huevos para demostrar que, en realidad, eran pequeñas salas de mármol que soportaban cargas; mientras que el batir de las alas de una mariposa en el lugar adecuado, nos dicen, puede crear un huracán a través de un océano. Los corazones pueden romperse, pero los corazones son los músculos más duros, capaces de bombear durante toda una vida, setenta veces por minuto, y apenas flaquear por el camino. Incluso los sueños, las cosas más delicadas e intangibles, pueden resultar extraordinariamente difíciles de matar.