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Todos los dias masacramos nuestros mejores impulsos. Por eso nos duele el corazón cuando leemos las líneas escritas por la mano de un maestro y las reconocemos como nuestras, como los tiernos brotes que sofocamos porque nos faltó la fe para creer en nuestros propios poderes, en nuestro propio criterio de verdad y belleza. Todo hombre, cuando se calla, cuando se vuelve desesperadamente honesto consigo mismo, es capaz de pronunciar verdades profundas.