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  • Siempre nos recordaba que cada átomo de nuestro cuerpo formaba parte de una estrella lejana que había explotado. Hablaba de cómo la evolución avanza desde la simplicidad hacia la complejidad, y de cómo la inteligencia humana es la máxima expresión conocida de la evolución. Recuerdo que me dijo que el cerebro de una rana es mucho más complejo que el de una estrella. Para él, la conciencia humana es la primera neurona del universo que cobra vida y conciencia. Una chispa en la oscuridad, esperando a propagarse hasta convertirse en fuego.

    Greg Iles (2004). “The Footprints of God”, p.293, Simon and Schuster