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Estar enamorado de alguien que ni siquiera sabe que existes no es lo peor del mundo. De hecho, es todo lo contrario. Casi como aprobar un trabajo que sabes que es una mierda, pero tener ese periodo de tiempo en el que todavía no te han devuelto la nota, esa especie de exhalación en la que no te han rechazado, aunque sabes más o menos cómo va a acabar.