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  • La velocidad es la forma de éxtasis que la revolución técnica ha otorgado al hombre. A diferencia del motociclista, el corredor está siempre presente en su cuerpo, siempre obligado a pensar en sus ampollas, en su agotamiento; cuando corre siente su peso, su edad, más consciente que nunca de sí mismo y de su tiempo de vida. Todo esto cambia cuando el hombre delega la facultad de la velocidad en una máquina: a partir de entonces, su propio cuerpo queda fuera del proceso, y se entrega a una velocidad no corpórea, no material, pura velocidad, la velocidad misma, la velocidad del éxtasis.