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  • Decía a la gente que sus pecados estaban perdonados, y nunca esperaba a consultar a todas las demás personas a las que sus pecados sin duda habían herido. Se comportaba sin vacilar como si Él fuera el principal afectado, la persona más ofendida en todas las ofensas. Esto sólo tiene sentido si Él fuera realmente Dios, cuyas leyes son quebrantadas y cuyo amor es herido en cada pecado.

    C. S. Lewis (2012). “The Complete C. S. Lewis Signature Classics”, p.55, HarperCollins UK