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Duda, porque la duda no es un pecado, es un signo de tu inteligencia. No eres responsable ante ninguna nación, ante ninguna iglesia, ante ningún Dios. Sólo eres responsable de una cosa: el conocimiento de ti mismo. Y el milagro es que si puedes cumplir con esta responsabilidad, podrás cumplir con muchas otras responsabilidades sin ningún esfuerzo. En el momento en que llegas a tu propio ser, se produce una revolución en tu visión. Toda tu visión de la vida sufre un cambio radical. Empiezas a sentir las nuevas responsabilidades, no como algo que hay que hacer, no como un deber que hay que cumplir, sino como una alegría de hacer.