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Con los viejos mentirosos que llevan actuando toda la vida hay momentos en los que se meten tan de lleno en su papel que tiemblan o derraman lágrimas en serio, aunque en ese mismo instante, o un segundo después, son capaces de susurrarse a sí mismos: "¡Sabes que estás mintiendo, viejo pecador desvergonzado! Estás actuando ahora, a pesar de tu 'santa' ira.