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  • La vida real era un caos, pero había algo terriblemente lógico en la imaginación. Era la imaginación la que ponía el remordimiento a los pies del pecado. Fue la imaginación la que hizo que cada crimen tuviera su cría deforme. En el mundo común de los hechos, los malvados no eran castigados, ni los buenos recompensados. El éxito se concedía a los fuertes, el fracaso se imponía a los débiles. Eso era todo.

    Oscar Wilde, General Press (2016). “The Complete Works of Oscar Wilde: Novel, Short Stories, Poetry, Essays and Plays”, p.152, GENERAL PRESS