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Sabemos que la atención actúa como un pararrayos. El mero hecho de concentrarse en algo hace que se acumulen a su alrededor infinitas analogías, que incluso penetran en los límites del propio sujeto: una experiencia que llamamos coincidencia, serendipia -la terminología es extensa-. Mi experiencia ha sido que en estos viajes circulares lo realmente significativo rodea a una ausencia central, una ausencia que, paradójicamente, es el texto que se escribe o que se va a escribir.