-
No es mi idea de Dios, sino Dios. No mi idea de H., sino H. Sí, y tampoco mi idea de mi prójimo, sino mi prójimo. ¿No cometemos a menudo este error con las personas que aún viven, que están con nosotros en la misma habitación? ¿Hablamos y actuamos no con el hombre en sí, sino con la imagen -casi el resumen- que nos hemos hecho de él en nuestra mente? Y tiene que apartarse mucho de ella antes de que nos demos cuenta.