-
Todos nosotros, todos los que la conocíamos, nos sentíamos tan sanos después de limpiarnos sobre ella. Éramos tan hermosos cuando estábamos a horcajadas sobre su fealdad. Su sencillez nos decoraba, su culpa nos santificaba, su dolor nos hacía brillar de salud, su torpeza nos hacía creer que teníamos sentido del humor. Su inarticulación nos hizo creer que éramos elocuentes. Su pobreza nos hizo generosos. Incluso utilizamos sus sueños despiertos para silenciar nuestras propias pesadillas.