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Los hombres que llegan tarde nunca están seguros. Son todo lo que los libros de educación cívica nos dicen que debe ser un buen ciudadano: partidarios pero nunca fanáticos, respetuosos con los hechos que rodean a cada situación pero nunca inflexibles con esos hechos, incómodos en posiciones de liderazgo pero raramente incapaces de rechazar una responsabilidad una vez que se les ha ofrecido... o se les ha impuesto. Son los mejores líderes de una democracia porque es poco probable que se enamoren del poder.