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Creo en la sencillez. Es tan asombroso como triste, cuántos asuntos triviales incluso el más sabio piensa que debe atender en un día; qué asunto tan singular piensa que debe omitir. Cuando el matemático quiere resolver un problema difícil, primero libera la ecuación de todas las incumbencias, y la reduce a sus términos más simples. Así simplifica el problema de la vida, distingue lo necesario y lo real. Sondea la tierra para ver por dónde corren tus raíces principales.