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  • La vida humana, eso le parecía lo único que valía la pena investigar. Comparada con ella no había nada más valioso. Era cierto que mientras uno observaba la vida en su curioso crisol de dolor y placer, no podía ponerse sobre el rostro una máscara de cristal, ni evitar que los vapores sulfurosos perturbaran el cerebro y enturbiaran la imaginación con fantasías monstruosas y sueños deformes.

    Oscar Wilde (2015). “The Picture of Dorian Gray (with an Essay by Jules Barbey D'Aurevilly)”, p.37, Mondial