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Para entonces ya me había dado cuenta del don del fracaso, y es que rompe con toda esa respiración contenida y esa tensión isométrica por la necesidad de quedar bien: es el don de sentirse más flojo.
Para entonces ya me había dado cuenta del don del fracaso, y es que rompe con toda esa respiración contenida y esa tensión isométrica por la necesidad de quedar bien: es el don de sentirse más flojo.