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Su fórmula mágica para tratar a los niños consiste en ignorar todos los defectos y acentuar las pequeñas virtudes. Dice: "En lugar de decirle a Tommy día tras día que es el niño más travieso de los Estados Unidos de América, lo cual podría ser perfectamente cierto, tómate una aspirina y comenta lo bien que lleva atados los zapatos. Casi cualquiera preferiría ser conocido por atarse los zapatos con pericia que por dar patadas al gato". Siempre les dice a los llorones lo encantadores que son, a los bravucones lo valientes, a los malos deportistas lo buenos, a los chillones lo honestos que son.