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Así es la vida: enviamos a nuestros hijos al desierto. Algunos de ellos en el día en que nacen, parece, por toda la ayuda que podemos darles. Algunos de ellos parecen ser una especie de desierto en sí mismos. Pero allí también debe haber ángeles y manantiales de agua. Incluso ese desierto, morada de chacales, es del Señor.