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Desde el fondo de mi corazón, quería rendirme; quería renunciar a vivir. No podía negar que llegaría mañana, y pasado mañana, y también la semana que viene. Nunca pensé que sería tan duro, pero seguiría viviendo en medio de una gloriosa depresión, y eso me hacía sentir enferma hasta lo más profundo de mi alma. A pesar de la tempestad que rugía en mi interior, recorrí el camino nocturno con calma.