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Y a veces se sentaba con nosotros durante una hora o así, compartiendo nuestro limbo, escuchando mientras yo leía. Libros de cualquier estantería, abiertos en cualquier página, en los que empezaba y terminaba en cualquier parte, a veces a mitad de frase. Cumbres borrascosas se topó con Emma, que dio paso a Los diamantes de Eustace, que se desvaneció en Tiempos difíciles, que cedió a La mujer de blanco. Fragmentos. No importaba. El arte, su completitud, su forma, su acabado, no tenía poder de consuelo. Las palabras, en cambio, eran un salvavidas.