-
Nunca pude entender si debíamos considerar la religión como un seguro de vida o como una condena a cadena perpetua. Puedo entender a un Dios iracundo que nos colgaría a todos de un gancho. Y puedo entender a un Jesús tierno y sin prejuicios. Pero nunca podría imaginarme a los dos viviendo en la misma casa. Acabas caminando sobre cáscaras de huevo, sin saber nunca cuál... está en casa en ese momento.