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La única emoción profunda que sentí ocasionalmente en estos asuntos fue la gratitud, cuando todo iba bien y me dejaban, no sólo paz, sino libertad para ir y venir: nunca más amable y alegre con una mujer que cuando acababa de dejar la cama de otra, como si extendiera a todas las demás la deuda que acababa de contraer con una de ellas.