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Sólo hay una verdadera desgracia: perder la buena opinión que uno tiene de sí mismo. Pierde tu complacencia, traiciona una vez tu propio autodesprecio y el mundo lo avalará sin vacilar.
Sólo hay una verdadera desgracia: perder la buena opinión que uno tiene de sí mismo. Pierde tu complacencia, traiciona una vez tu propio autodesprecio y el mundo lo avalará sin vacilar.