-
Aquellos ojos azules brillaban con sugestión incivilizada. Una leve sonrisa se dibujaba en la comisura de su ancha boca. Definitivamente no me gustaría estar solo en una habitación con ese tipo, pensé. Su mirada se movió hacia abajo en una inspección perezosa, volvió a mi cara y me hizo una de esas respetuosas inclinaciones de cabeza que los hombres tejanos habían elevado a la categoría de arte.