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Me convertí en lo que soy hoy a los doce años, en un gélido día nublado del invierno de 1975. Recuerdo el momento preciso, agazapado tras un muro de barro derruido, asomándome al callejón cercano al arroyo helado. Eso fue hace mucho tiempo, pero está mal lo que dicen del pasado, he aprendido, sobre cómo puedes enterrarlo. Porque el pasado se abre camino. Mirando ahora hacia atrás, me doy cuenta de que he estado asomándome a ese callejón desierto durante los últimos veintiséis años.