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  • ¡Qué feliz es la suerte del matemático! Es juzgado únicamente por sus iguales, y el listón está tan alto que ningún colega o rival puede ganarse una reputación que no merezca. Ningún cajero escribe una carta a la prensa quejándose de la incomprensibilidad de la Matemática Moderna y comparándola desfavorablemente con los buenos viejos tiempos, cuando los matemáticos se contentaban con empapelar habitaciones de formas irregulares y llenar bañeras sin cerrar el desagüe.