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Una vez, cuando era muy pequeño, me subí a un árbol y comí unas manzanas verdes y agrias. Mi estómago se hinchó y se puso duro como un tambor, me dolía mucho. Mi madre me dijo que si hubiera esperado a que las manzanas maduraran, no habría enfermado. Así que ahora, cada vez que quiero algo, intento recordar lo que me dijo de las manzanas.