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  • Agua, agua, agua....No hay escasez de agua en el desierto, sino exactamente la cantidad adecuada, una proporción perfecta de agua y roca, de agua y arena, que asegura ese amplio espacio abierto y generoso entre plantas y animales, hogares y pueblos y ciudades, que hace que el árido Oeste sea tan diferente de cualquier otra parte de la nación. Aquí no falta agua, a menos que se intente establecer una ciudad donde no debería haberla.

    Edward Abbey (1968). “Desert Solitaire”, p.126, Simon and Schuster