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El oído participa y ayuda a concertar matrimonios; el ojo ya ha hecho el amor con lo que ve. El ojo conoce el placer, se deleita en la forma del cuerpo: el oído escucha palabras que hablan de todo esto. Cuando se oye, cambian las zonas del carácter; pero cuando se ve, cambian las zonas interiores. Si todo lo que sabes del fuego es lo que has oído, ¡a ver si el fuego acepta cocinarte! Ciertas energías sólo llegan cuando te quemas. Si anhelas creer, ¡siéntate en el fuego! Cuando el oído recibe sutilmente; se convierte en un ojo. Pero si las palabras no llegan al oído en el pecho no pasa nada.