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Si examinamos cada etapa de nuestras vidas, encontraremos que desde nuestro primer aliento hasta el último estamos bajo la restricción de las circunstancias. Y, sin embargo, aún poseemos la mayor de todas las libertades, el poder de desarrollar nuestro yo más íntimo en armonía con el orden moral del universo, y así ganar la paz del corazón sean cuales sean los obstáculos que encontremos.