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  • El cielo negro estaba apuntalado con largas vetas plateadas que parecían andamios y, profundidad tras profundidad, había miles de estrellas que parecían moverse muy lentamente, como si se tratara de una vasta obra de construcción que implicaba a todo el universo y que tardaría todo el tiempo en completarse. Nadie prestaba atención al cielo.

    Flannery O'Connor (1965). “Everything That Rises Must Converge: Stories”, p.26, Macmillan