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  • La muchacha tenía una cierta nobleza de imaginación, que le prestaba muchos servicios y le jugaba muchas malas pasadas. Pasaba la mitad de su tiempo pensando en la belleza, la valentía, la magnanimidad; tenía una determinación fija de considerar el mundo como un lugar de brillo, de libre expansión, de acción irresistible, pensaba que sería detestable tener miedo o vergüenza. Tenía la esperanza infinita de que nunca haría nada malo. Se había resentido tanto, después de descubrirlos, de sus meros errores de sentimiento.