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  • Luché en mi mente con todo tipo de defensas. ¿Debería sentirme herido? ¿Sorprenderme? ¿Debía reírme? Quería decir algo cruel para expiar mi rabia y justificarme. Pero es difícil con los viejos amigos; difícil porque es muy fácil. Os conocéis tan bien como amantes y habéis tenido menos que fingir. Me serví una copa y me encogí de hombros. Nada es perfecto.