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Que ni la lágrima ni el reproche manchen esta declaración de la maestría de Dios que, con magnífica ironía, me concedió tanto el don de los libros como el de la noche.
Que ni la lágrima ni el reproche manchen esta declaración de la maestría de Dios que, con magnífica ironía, me concedió tanto el don de los libros como el de la noche.