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Cuando mi amigo Melot me tendió la trampa, creo que lo supe. Me volví hacia la muerte con toda mi cara, como me había vuelto hacia el amor con todo mi cuerpo. Dejaría que la muerte entrara en mí como tú habías entrado en mí. Te habías deslizado por mis vasos sanguíneos a través de la herida, y la sangre que circula vuelve al corazón. Me hiciste circular, me hiciste sonrojar como una muchacha en el aro de tus manos. Estabas en mis arterias y en mi linfa, eras el color justo debajo de mi piel, y si me cortaba, era a ti a quien sangraba. Isolda roja, viva en mis dedos, y siempre la fuerza de la sangre empujándote hacia mi corazón.