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Si Cristo pasó una noche de angustia en oración, si desde la Cruz gritó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?", seguramente a nosotros también nos está permitido dudar. Pero debemos seguir adelante. Elegir la duda como filosofía de vida es como elegir la inmovilidad como medio de transporte.