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Amor mío, ¿recuerdas el objeto que vimos aquella hermosa y dulce mañana de verano? En un recodo del camino, un cadáver repugnante, sobre un lecho de grava, con las piernas alzadas, como una mujer lujuriosa, ardiendo y goteando venenos, mostraba de forma desvergonzada y despreocupada su vientre hinchado de gases.