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  • En todo momento te eliges a ti mismo. Pero, ¿eliges *tu* yo? El cuerpo y el alma contienen mil posibilidades a partir de las cuales puedes construir muchos yoes. Pero en una de ellas hay congruencia entre el elector y el elegido. Sólo una: la que nunca encontrarás hasta que hayas excluido todas esas posibilidades superficiales y fugaces de ser y hacer con las que juegas, por curiosidad o asombro o codicia, y que te impiden echar anclas en la experiencia del misterio de la vida, y en la conciencia del talento que te ha sido confiado y que es tu *yo*.