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Con la fe y la obediencia practicadas el tiempo suficiente, el Espíritu Santo se convierte en un compañero constante, nuestra naturaleza cambia y la resistencia se hace segura.
Con la fe y la obediencia practicadas el tiempo suficiente, el Espíritu Santo se convierte en un compañero constante, nuestra naturaleza cambia y la resistencia se hace segura.