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Los sindicatos de profesores que bloquean la reforma escolar han dañado gravemente la marca sindical. El público ya no ve a los sindicatos como sus amigos, y mucho menos como sus defensores. Los ven como corruptos, intransigentes y más interesados en proteger su influencia política dentro del Partido Demócrata que en proteger a sus miembros o incluso a los escolares.