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  • El amor de Cristo llega hasta las profundidades mismas de la miseria y la aflicción terrenales, pues de lo contrario no se ocuparía del caso del más vil pecador. También llega hasta el trono de lo eterno, o el hombre no podría ser levantado de su condición degradada, y nuestras necesidades no serían satisfechas, nuestros deseos quedarían insatisfechos.