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La literatura añade a la realidad, no se limita a describirla. Enriquece las competencias necesarias que la vida cotidiana exige y proporciona; y en este sentido, riega los desiertos en que ya se han convertido nuestras vidas.
La literatura añade a la realidad, no se limita a describirla. Enriquece las competencias necesarias que la vida cotidiana exige y proporciona; y en este sentido, riega los desiertos en que ya se han convertido nuestras vidas.