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Lo bueno de un documental, creo, es que gran parte de él es también edición. Tienes que seguir tomando decisiones. No es como cuando haces una narración, una pieza de ficción, y tienes un cierto número de días de rodaje, y estás como, "Bueno, eso es lo que es". Puedes seguir buscando más fotografías o tratar de encontrar más metraje. El género te da la posibilidad de seguir trabajando en él, lo que es estupendo para un director novel.