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Tenemos que rehacer y reinventar nuestro sistema de vivienda para que apoye ampliamente la flexibilidad y la movilidad de nuestro sistema económico. La propiedad de la vivienda se ve recompensada por el código fiscal federal, lo que tenía mucho sentido cuando esa parte del sueño americano, y todo el consumo que conllevaba, era esencial para reconstruir la economía. Hoy en día, sin embargo, se siente como una enorme penalización para las personas que quieren viajar ligeras de equipaje dentro de la nueva economía móvil sin una hipoteca que las detenga.