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Cuando estás trabajando en una escena, tanto en la fase de guión como en el momento, miras a tu alrededor y esperas a que te caiga un rayo y, basándote en tus instintos, te diga qué es lo correcto. Y eso puede resultar en cualquier cosa, desde un cambio de diálogo hasta darte cuenta de que lo que pensabas que era una escena dramática en realidad debería tener algo de humor. Y quizá si la escenificas de esta manera sea más divertida, o si pones la cámara aquí cuente una historia diferente. Esas cosas lo son todo cuando eres director.