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  • No tenía NINGÚN interés en ser teólogo, y menos cristiano, ya que había sido criado por ateos progresistas. Nos inclinábamos cada mañana ante el becerro de oro del New York Times, Noam Chomsky, Hannah Arendt. Intenté que mis padres me respetaran y me alimentaran, y mucho menos que se deleitaran en mí, así que, aunque secretamente amaba y creía en el Algo Divino -la Bondad, la Buena Dirección Ordenada, el Don de la Desesperación, la Magdalena Cósmica-, aún no estaba preparada para comprometerme con el estudio de un poder superior.

    Source: www.cosmopolitan.com