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La gran llamada de la Iglesia es a no preocuparse sólo por el comportamiento correcto o incorrecto, que es la vida moral, sino por la comunión con Dios, que es la vida mística.
La gran llamada de la Iglesia es a no preocuparse sólo por el comportamiento correcto o incorrecto, que es la vida moral, sino por la comunión con Dios, que es la vida mística.