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El Mensajero ha visto a Dios. Estuvo con Alá y se le concedió paciencia divina con el demonio. Está dispuesto a esperar a que Alá se ocupe de este diablo. Bueno, señor, el resto de nosotros los musulmanes negros no hemos visto a Dios, no tenemos este don de la paciencia divina con el diablo. Los musulmanes negros más jóvenes quieren ver algo de acción.